Muy Muy teatrero

Vista de Lince
Pieza tragicómica en un acto único
Orestes se enconró con Dalila en un Monterrey de Lince, en la sección verduras. Luego de una conversación corta que le permitió obtener su teléfono, se armó de coraje, la llamó y concretó una cita en casa de ella.
Antes de salir a su casa el día esperado, relee importantes notas sobre “cómo ganar amigos y vender lapiceros en un mismo día”. Nervioso, aunque tranquilizándose a sí mismo, utiliza apuntes de un libro de Connie Méndez para ordenar su mente. Repite en voz alta lo que los textos e su maestra de “Metafísica 4 en 1” le enseñaron: “Soy un ave del bien, en mis alas confío”.
Sale de la sala donde se encuentra. Allí yacen fotos familiares en blanco y negro, y un florero de vidrio de colores con flores de plástico colocadas armoniosamente por su madre. “Chau Celestina”, le dice inusualmente, en vez de mami; ”Chau Oris”, contesta algo sorprendida.
Acto único
ORESTES se encuentra ante la caja de una farmacia, el pelo con raya al costado, recién peinado, unas gotas aún chorrean de su cerquillo. Tiene la cara rosada y muy limpia, es gordito, de aspecto formal y usa lentes.
Lo atiende un JOVEN CAJERO, moreno, la camisa algo abierta y arrugada.
ORESTES
Buenas joven. ¿A cuánto el paquetito de preservativos?
JOVEN CAJERO
(ronco)
Ehhh, los jebes, a 3 por 5 lucas. ¿Cuál va a llevar?
ORESTES
A ver amigo, tú, que debes saber ¿no?... ¿qué me recomiendas?
JOVEN CAJERO
´Cha que hay de todo tío. Hay el Mata-Hari, el Llanero, y gringos tengo Red Nait y Chiclets´ Love. Todos son firmes pé...
ORESTES
Ya, bueno, me llevo el Llanero pues. Hay que apoyar a la industria nacional ¿no cree-
JOVEN CAJERO
(interrumpiéndolo)
¿Algo más? Son 5 soles.
ORESTES
Sí, deme un Hongocid. Diez intis es su precio ¿no?
Dalila se coloca los últimos ruleros mientras ve un programa venezolano acerca de hombres que no quieren dejar las drogas. <>.
Suena el timbre. Orestes llega puntual, por lo que sorprende a Dalila aún no lista. Algo despreocupada se deshace de sus ruleros, mas olvida uno que se le queda en el cerquillo. Abre la puerta luego de apagar la tv. Conversan incómodamente acerca del precio de las verduras, luego del de las frutas y el tema degenera en el de la gasolina. Al notar el aburrimiento de ella, Orestes tantea un tema nuevo: el precio de los periódicos; se halla sin tema de conversación y nerviosamente gesticula de modo extremo: le sobrevienen tics. “El precio...”, intenta decir, al tiempo que el ojo izquierdo se le cierra y la boca se junta con la nariz, “... ya no es el mismo ¿no?”, levanta el cachete y simultáneamente abre la boca. Dalila corre atareada a traerle agua de manzana, luego le pregunta cómo anda de novias, a lo cual él le contestó con una biroleada estupenda y una torcedura de nariz. Ella trata de disimular: “Pero te tomas tus traguitos...”, él contesta: “y ... agüita de azahar [je ja]”. Ella lo mira desconfiadamente. Él rehuye la vista hacia la mesa de la sala: allí ve una foto que tiene un marco de calendario del Centro Victoria. En ella observa a Dalila abrazada con su ex –marido en una cantina con los amigotes. Este aparece levantando un vaso y con muecas delatoras. Orestes, aterrado ante la foto que ahora lo comprometía (a pesar de la diferencia en las causas, la coincidencia gestual entre ambos era notable), y ante la mirada inquisidora de Dalila, resuelve irse. “Debo ir al Monterrey. Sí, es que el Paracas está 2x1. Te veo otro día pues”. “Sí Orestes, nos vemos”, dice ella mientras prende la tv.
Sudando, él llega a la bodega más cercana, “La Peripateia”. Pide una cerveza, la abre con los dientes. <>, caen trozos de diente al suelo. Orestes se halla compungido, al tiempo que un ratón aparece y se lleva los restos de su molar superior.
Pieza tragicómica en un acto único
Orestes se enconró con Dalila en un Monterrey de Lince, en la sección verduras. Luego de una conversación corta que le permitió obtener su teléfono, se armó de coraje, la llamó y concretó una cita en casa de ella.
Antes de salir a su casa el día esperado, relee importantes notas sobre “cómo ganar amigos y vender lapiceros en un mismo día”. Nervioso, aunque tranquilizándose a sí mismo, utiliza apuntes de un libro de Connie Méndez para ordenar su mente. Repite en voz alta lo que los textos e su maestra de “Metafísica 4 en 1” le enseñaron: “Soy un ave del bien, en mis alas confío”.
Sale de la sala donde se encuentra. Allí yacen fotos familiares en blanco y negro, y un florero de vidrio de colores con flores de plástico colocadas armoniosamente por su madre. “Chau Celestina”, le dice inusualmente, en vez de mami; ”Chau Oris”, contesta algo sorprendida.
Acto único
ORESTES se encuentra ante la caja de una farmacia, el pelo con raya al costado, recién peinado, unas gotas aún chorrean de su cerquillo. Tiene la cara rosada y muy limpia, es gordito, de aspecto formal y usa lentes.
Lo atiende un JOVEN CAJERO, moreno, la camisa algo abierta y arrugada.
ORESTES
Buenas joven. ¿A cuánto el paquetito de preservativos?
JOVEN CAJERO
(ronco)
Ehhh, los jebes, a 3 por 5 lucas. ¿Cuál va a llevar?
ORESTES
A ver amigo, tú, que debes saber ¿no?... ¿qué me recomiendas?
JOVEN CAJERO
´Cha que hay de todo tío. Hay el Mata-Hari, el Llanero, y gringos tengo Red Nait y Chiclets´ Love. Todos son firmes pé...
ORESTES
Ya, bueno, me llevo el Llanero pues. Hay que apoyar a la industria nacional ¿no cree-
JOVEN CAJERO
(interrumpiéndolo)
¿Algo más? Son 5 soles.
ORESTES
Sí, deme un Hongocid. Diez intis es su precio ¿no?
Dalila se coloca los últimos ruleros mientras ve un programa venezolano acerca de hombres que no quieren dejar las drogas. <
Suena el timbre. Orestes llega puntual, por lo que sorprende a Dalila aún no lista. Algo despreocupada se deshace de sus ruleros, mas olvida uno que se le queda en el cerquillo. Abre la puerta luego de apagar la tv. Conversan incómodamente acerca del precio de las verduras, luego del de las frutas y el tema degenera en el de la gasolina. Al notar el aburrimiento de ella, Orestes tantea un tema nuevo: el precio de los periódicos; se halla sin tema de conversación y nerviosamente gesticula de modo extremo: le sobrevienen tics. “El precio...”, intenta decir, al tiempo que el ojo izquierdo se le cierra y la boca se junta con la nariz, “... ya no es el mismo ¿no?”, levanta el cachete y simultáneamente abre la boca. Dalila corre atareada a traerle agua de manzana, luego le pregunta cómo anda de novias, a lo cual él le contestó con una biroleada estupenda y una torcedura de nariz. Ella trata de disimular: “Pero te tomas tus traguitos...”, él contesta: “y ... agüita de azahar [je ja]”. Ella lo mira desconfiadamente. Él rehuye la vista hacia la mesa de la sala: allí ve una foto que tiene un marco de calendario del Centro Victoria. En ella observa a Dalila abrazada con su ex –marido en una cantina con los amigotes. Este aparece levantando un vaso y con muecas delatoras. Orestes, aterrado ante la foto que ahora lo comprometía (a pesar de la diferencia en las causas, la coincidencia gestual entre ambos era notable), y ante la mirada inquisidora de Dalila, resuelve irse. “Debo ir al Monterrey. Sí, es que el Paracas está 2x1. Te veo otro día pues”. “Sí Orestes, nos vemos”, dice ella mientras prende la tv.
Sudando, él llega a la bodega más cercana, “La Peripateia”. Pide una cerveza, la abre con los dientes. <

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