Monday, December 19, 2005

el Suyón

Pedos horribles
¿De dónde vienen,
A dónde van?
Fósforo y alquitrán
Percusión fétida.
No me gusta como huelen,
Pero están ahí
Para siempre
Como las uñas
Los astros y las
Vedettes.
La cuestión es
¿Hay quién los huela?
¿Qué es, luego de unas horas,
de estos hijos del almuerzo fugaz?
Viajan solitarios
Para morir
Sin preguntas ni respuestas,
Invasores,
En las fosas nasales.

el jefecito

El Jefecito: Memorias de un Gordito Potón

Mirábase al espejo con aire diletante y de extrema presunción, autoindulgencia y dolorosa compasión ante el inminente reconocimiento, en esa imagen, de todos aquellos rasgos heredados de su padre.
-Me esperan los culitos en el Frog´s- se dijo a sí mismo el Potoncito mientras se arreglaba el cuello de la camisa a rayas blancas y verdes para verse chévere e identificarse plenamente y con convicción con aquellos jóvenes que cada viernes se buscaban entre sí bajo un código estandarizado en el vestir: el clásico polito a rayas con cuellito gil, el corduroy de color preferiblemente oscuro con su correita más, y el elemento infaltable: el polo DENTRO del pantalón. De este modo podría mostrar cada uno de ellos, con extrema facilidad, la abultada billetera de cuero (una suerte de pene rectangular en el trasero) y lo más importante, a decir de las flaquitas larcomarcinas, el poto.
Potoncín se colocó adecuadamente la correa heredada de papá, no sin antes acomodarse el calzoncillo, bajándoselo un poco y dejando entrever para sí mismo, con extrema vergüenza y una mezcla de sorpresa y encanto, el panetón Don Lucho peludazo que se manejaba por keke/trasero. Instantáneamente le vinieron a la mente imágenes de su más profunda infancia: las enormes nalgas de Amparo Brambilla en Risas y Salsa y las plumas azules de su traje de lentejuelas. Luego visualizó fugazmente en su imaginación la blanca nalga derecha de Susy Díaz y el inminente 13.
-13, la pinga no me crece- pensó con rabia y tristeza, desazón y extremo infantilismo al darse cuenta de que le era imposible articular una frase que no fuese autolacerante y nociva para su siempre desmoronado ego. Se acomodó el pantalón y colocó adecuadamente la billetera, la cual había sido previamente llenada con un grueso fajo de tarjetas para darle más volumen.
-Listo.
Cogió las llaves de su auto por el llavero, un chopp Cristal de plástico que le regalaron un verano en El Silencio mientras jugaba fulbito a mano, comía su canchita y conversaba con sus patas gansos del colegio acerca del concierto de Maná en Lima.
Veinte minutos después llegó a Frog´s, mostró su carnet VIP (Very Important Potoncito) y entró dichoso, feliz de la vida al lugar que consideraba glorioso para sus estándares de vida: aceptación social y roce ocasional de codo con teta de las ricas flaquitas miraflorinas, sanisidrinas y molineras, aquellas que nunca bailarían con él, pero que sí aceptaban de vez en cuando un trago suyo en la barra, como quien se caga de risa del payaso ese que me quiere gilear, seguro tiene el poto peludo, además le sudan las manos.
Chopp en mano se dispuso a sonreír a diestra y siniestra con la única intención de no sentirse huevonazo, cosa que no lograba en lo más mínimo y que se evidenciaba con facilidad a través del sudor de su frente y de la cara de me estoy divirtiendo como la puta madre.
Miró de reojo a las chicas Marlboro, no vaya a ser que se den cuenta y crean que me fijo en ellas por sus voluminosos cuerpos, yo no soy así, soy un espíritu libre, leo a Coelho y me acabo de comprar las 7 semillas de Fishman; mi madre dice que tengo un corazón de oro. Una de ellas le encendía un cigarrillo a un treintañero ebrio con la corbata suelta, detalle que era posible gracias a que era el cumpleaños del Jefe de aquél, y por ende ocasión para de mostrarse desenvuelto, suelto de huesos. Gordito Potón movilizó sus nalgas al compás de Chichi Peralta mientras evocaba mentalmente un ensueño afro-latino-caribeño-antillano (léase chicha) con cualquier chica que estuviese dispuesta a divertirse furiosamente con un salserín de primera, con aquel inagotable bailarín con el que ninguna de sus tías se aburría danzando Pimpinela en las parrilladas familiares.
Llegó a donde estaban las guapas muchachas que bailaban despreocupadas, enfundadas en licras rojas y blancas, entretenidas mientras se ganaban así por así $300 en una noche por regalar cáncer en tubitos.
-¿Tienes fuego flaquita?- dijo Potoncín valientísimo como nunca, sintiéndose casi tan bacán como un buen ahorrista del Banco Continental promocionando la tarjeta de crédito. Una rubia encendió mecánicamente el cigarro que le había entregado y le sonrió como quien dice siéntete satisfecho, has hecho tu amague de gileo, ahora puedes largarte.
Potoncín sonrió compungido, comprendiendo claramente el mensaje y se dirigió a la pista de baile con una actitud de aquí no pasa nada, yo estoy de la puta madre y este lugar sí que es un vacilón.
Entre las parejas que repetían los pasos de baile de los animadores del local se hallaban dos chicas que él reconocía como poco atractivas, pero que de hecho le darían bola. Se acercó a la de rulos y le propuso bailar, luego de presentarse a sí mismo a través de una cortés charla que le permitió mostrarse como un gordito simpaticón, porque si se dan cuenta de que soy gordo ganso me chotean.
Ella no parecía divertirse demasiado. Él trató de establecer el vínculo lo más naturalmente posible, y eso era evidente para ambos: la atmósfera dilatada, terriblemente melancólica en la que se desarrollaba el diálogo hacía notorio para los dos la poca empatía/sintonía existente entre ellos, algo que asumían con tranquilidad, como una de las reglas de juego del lugar, algo tan propio de aquel ambiente como una yarda con vodka o una canción de La oreja de Van Gogh.
En un momento dado la conversación giró en torno a la política, y esto dio, para Potoncín, un vuelco inesperado a los hechos. Marielena era una ferviente participante en los debates políticos universitarios, formaba parte de un nuevo partido de jóvenes que buscaba afianzar “...los valores que están en ti son los valores del Perú...”. La mayoría de sus integrantes practicaba la masturbación con vehemencia desde la pubertad, lo que delataba claramente los fines utópicos y onanistas del proyecto de redención de la clase política. Marielena llevaba a cabo este hábito con cierta frecuencia, la mayor parte de las veces mientras veía Confirmado en el canal 7, sintiéndose de modo alguno comprometida sexual-visual-coyuntural-social y políticamente con el futuro del país.
Ocurrió lo siguiente: la temática hizo que los ojos de ella adquirieran otro brillo, distinto al de aquel que tenían mientras conversaban sobre el hijo de Rachel en Friends. Potoncín sudó más de lo normal, las rechonchas manitas estaban ya pegajosas y las secó en la tela tipo toallita del trasero de su corduroy, los pelos del poto enredados y sudorosos, y el calzoncillo con olor a cigarro, humo mentolado y exhumación de alcohol.
Ambos estuvieron en desacuerdo con las decisiones del gabinete, alabaron a PPK y ella se mostró complaciente en sus comentarios acerca de la Primera Dama, de quien dijo admirar su belleza en las fotos juveniles publicadas en una revista y su firmeza para cuadrar a su marido. Gordito Potón se sintió huevonazo por enésima vez en la noche y soltó algún comentario sobre la estatura del Presidente, hecho que careció de interés para su compañera de baile. El diálogo degeneró en el tema de los bonos Brady, las promesas de descentralización del gobierno y las peleas entre los congresistas. Todo ello excitó sobremanera a la muchacha, quien accedió a volver a casa con Potoncín.
A las 3:30 de la madrugada, algo tambaleantes, entraron en el Poto-móvil. El susodicho dio un par de vueltas por la avenida Caminos del Inca hasta cuadrarse en un hostal limpio y confortable de apariencia. Canceló la habitación y, entre decadentes suspiros y trastabilladas muestras de afecto, se desvistieron torpemente, algo borrachos y sudorosos. Él palpó el sostén matapasiones con tela de cortina que aminoró su ya dificultada erección, y ella hizo un gesto de desagrado para sí misma al observar la enorme mata de pelos en el panetón de Potoncín. Él quiso empezar la confusa y artificial faena amatoria como había escuchado que la realizaban los ejecutivos de peso de la Empresa en alguna chupeta dominguera con su parrilladita viendo el clásico: por atroya, por el chicoma, por el marrón, por el seco, así le decían con soltura, entre risas jactanciosas y ojos de soy el gran pendejo ahorita que no me escucha mi mujer. Potoncín borró esas palabras de su mente. Le parecieron obscenas e impronunciables durante la confesión del Domingo ante el curita brasilero, ese que se parece tanto al de “Pare de Sufrir” que veía en la tele. Pensó en un modo correcto para prefigurarse la manera en que denominaría al recto que se hallaba al frente suyo. Pensó: “es chico...chiki, chiki de Concordia, le daré por el chiki...las otras gaseosas no juegan...” y recordó claramente la botellita con líquido rojo y etiqueta con diseño dirigido a público infantil.
Introdujo en su miembro un condón Vlady para permitirse indulgentemente una pizca de perversión en su cristiana cabeza. Con seria dificultad colocó su artefacto en el mentado orificio rezando velozmente para que el publicitado efecto retardante funcione. En menos de 7 embates 7 el asunto finalizó. Gordito Potón Potoncín Pirulín Pin Pon sintió una mezcla de alivio y angustia, como quien se tira un pedo solo y de pronto se acerca alguien y lo huele. A Marielena le emergió una única palabra desde lo más profundo de su inconsciente… Democracia.

Wednesday, September 14, 2005

el legado de la charadita, madre del muy muy


Bitute gratén

Algunas veces pienso en el modo en que la gente se expresa sobre las mujeres. Su cuerpo es comida: uno puede tener la suerte de encontrar una canasta navideña en pleno verano en la playa. En la arena la ves echada: un buen keke, que al mismo tiempo es panetón y tarro, de leche Gloria en caso que sea pechugona, por lo cual cabría decir que es orgullo de la vaca. Algunos encontrarían en ella un buen chancho, y esto nos desplaza mentalmente a la idea de mujer como asidero de un lenguaje digno del mercado central: tiene buenas yucas, ricos limoncitos o mangos bien maduritos, según sea el caso, aunque uno podría cansarse de ella y mandarla al rábano o tomarle harto camote y llevarla a casa.

Te invita cantando y te quitas cagando


Inkarri Corporation ®

Agusto se hallaba parado en medio de la mesa, con una de sus clásicas camisas de seda de una huachafería rayana en lo aberrantemente cómico, que le permitía sentirse, como cada sábado, a gusto con los participantes.
4 latas de leche Gloria emuladas por una etiqueta hecha a mano eran parte de las urnas supuestamente premiadas, que no eran más que latas oxidadas de pinturas Tekno.

Agusto: habla mamita ¿de dónde vienes?
Mamacha: todo il día in la cula agusto...
Agusto: ya, ya, elige nomás: ¿cuál quieres?
Mamacha: yo quiero ista don Agusto
Agusto: A ver tú, mi querido...
Público: ¡chapa, chapa!
Agusto: ya, ya, no me lo maleteen al cabezaewaipe
Cabezaewaipe: una ayudita pé don Agusto, usté sabe ¿no?, la necesida, todo el día de controlador de combis, ayúdeme a ganar peee don Agusto...le prometo que-
Agusto: promete NADA, elige nomás...
Cabezaewaipe: esta lata Agustito
Agusto: ya, ya: igual vas a perder ¡Épa, Épa!
Público: [risas y los dientes con habas en vivo y en directo para toda la familia peruana]
Agusto: A ver tú, yo tengo el premio ¿coges esta lata o esa?
Papay: uy sé Augustu, to sempre mi hacis perdersh
Agusto: yo tengo el premio, cuál quieres ¿esta o esa?
Papay: la tuya Augustu
Agusto: ¿cómo que la tuya? ¿me estás insultando?
Papay: no Agustitu. To lata Agosto
Agusto: ya, ya, coge nomás... ¡Tribilín! ¡Tribilín!

Tribilín entra al set en una bicicleta Goliat, dando círculos y casi pagando pato por su escaso equilibrio.

Público: ¡Húh, Húh, Húh! ¡Munga, Munga, Bunga, Bunga!
Agusto: ¡Abre Tribilín!

Tribilín abre la lata oxidada, Agusto mete la mano, saca un papel en blanco.

Agusto: [Levantando el papel para el público] ¡NADA, NADA! ¡Anda nomás! A ver tú mamacha: yo tengo el premio
Mamacha: ayodimi Agosto, mes ejos istán sen comirsh, to eres boeno Agosto...
Agusto: te doy $50...
Mamacha: un Agustu, yu tingo il primeo
Agusto: ¡$100 te regala Panamericana Televisión!
Mamacha: ¡Aysh, un si dun Agustu! To sempre mi asish pirshdirsh
Agusto: $150 te regala Western Union
Mamacha: uy si Agustu, di sigoro tingu il primio
Agusto: $200 te regala Muebles América en la Avenida Colonial
Mamacha: ya, ista bien
Agusto: a ver Tribilín. Abre ¿qué tiene?

Tribilín abre.

Agusto: [Saca el papel y lee la hoja arrugada escrita con lapicero] ¡Una caja grande de leche Gloria para ti!
Mamacha: ¡ayy! ¡Grasias Agosto! [Abraza a Agusto –ella con ochenta polleras encima-. Agusto mira al público incólumne mientras la camisa de seda se le moja todita con el sudor de la mamacha]
Mamacha: Añañañañañañay...

Se acerca atrás del set por so premio, allí donde la gringa Inga está en la mesa llena de cartelitos de la publicidad más berraca de la historia de la televisión.

Muy Muy teatrero


Vista de Lince
Pieza tragicómica en un acto único


Orestes se enconró con Dalila en un Monterrey de Lince, en la sección verduras. Luego de una conversación corta que le permitió obtener su teléfono, se armó de coraje, la llamó y concretó una cita en casa de ella.
Antes de salir a su casa el día esperado, relee importantes notas sobre “cómo ganar amigos y vender lapiceros en un mismo día”. Nervioso, aunque tranquilizándose a sí mismo, utiliza apuntes de un libro de Connie Méndez para ordenar su mente. Repite en voz alta lo que los textos e su maestra de “Metafísica 4 en 1” le enseñaron: “Soy un ave del bien, en mis alas confío”.
Sale de la sala donde se encuentra. Allí yacen fotos familiares en blanco y negro, y un florero de vidrio de colores con flores de plástico colocadas armoniosamente por su madre. “Chau Celestina”, le dice inusualmente, en vez de mami; ”Chau Oris”, contesta algo sorprendida.

Acto único

ORESTES se encuentra ante la caja de una farmacia, el pelo con raya al costado, recién peinado, unas gotas aún chorrean de su cerquillo. Tiene la cara rosada y muy limpia, es gordito, de aspecto formal y usa lentes.
Lo atiende un JOVEN CAJERO, moreno, la camisa algo abierta y arrugada.

ORESTES
Buenas joven. ¿A cuánto el paquetito de preservativos?

JOVEN CAJERO
(ronco)
Ehhh, los jebes, a 3 por 5 lucas. ¿Cuál va a llevar?

ORESTES
A ver amigo, tú, que debes saber ¿no?... ¿qué me recomiendas?

JOVEN CAJERO
´Cha que hay de todo tío. Hay el Mata-Hari, el Llanero, y gringos tengo Red Nait y Chiclets´ Love. Todos son firmes pé...

ORESTES
Ya, bueno, me llevo el Llanero pues. Hay que apoyar a la industria nacional ¿no cree-

JOVEN CAJERO
(interrumpiéndolo)
¿Algo más? Son 5 soles.

ORESTES
Sí, deme un Hongocid. Diez intis es su precio ¿no?

Dalila se coloca los últimos ruleros mientras ve un programa venezolano acerca de hombres que no quieren dejar las drogas. <>.
Suena el timbre. Orestes llega puntual, por lo que sorprende a Dalila aún no lista. Algo despreocupada se deshace de sus ruleros, mas olvida uno que se le queda en el cerquillo. Abre la puerta luego de apagar la tv. Conversan incómodamente acerca del precio de las verduras, luego del de las frutas y el tema degenera en el de la gasolina. Al notar el aburrimiento de ella, Orestes tantea un tema nuevo: el precio de los periódicos; se halla sin tema de conversación y nerviosamente gesticula de modo extremo: le sobrevienen tics. “El precio...”, intenta decir, al tiempo que el ojo izquierdo se le cierra y la boca se junta con la nariz, “... ya no es el mismo ¿no?”, levanta el cachete y simultáneamente abre la boca. Dalila corre atareada a traerle agua de manzana, luego le pregunta cómo anda de novias, a lo cual él le contestó con una biroleada estupenda y una torcedura de nariz. Ella trata de disimular: “Pero te tomas tus traguitos...”, él contesta: “y ... agüita de azahar [je ja]”. Ella lo mira desconfiadamente. Él rehuye la vista hacia la mesa de la sala: allí ve una foto que tiene un marco de calendario del Centro Victoria. En ella observa a Dalila abrazada con su ex –marido en una cantina con los amigotes. Este aparece levantando un vaso y con muecas delatoras. Orestes, aterrado ante la foto que ahora lo comprometía (a pesar de la diferencia en las causas, la coincidencia gestual entre ambos era notable), y ante la mirada inquisidora de Dalila, resuelve irse. “Debo ir al Monterrey. Sí, es que el Paracas está 2x1. Te veo otro día pues”. “Sí Orestes, nos vemos”, dice ella mientras prende la tv.
Sudando, él llega a la bodega más cercana, “La Peripateia”. Pide una cerveza, la abre con los dientes. <>, caen trozos de diente al suelo. Orestes se halla compungido, al tiempo que un ratón aparece y se lleva los restos de su molar superior.

Tarea extra


Descripción del campus de la PUCP

La PUCP se distingue entre otras construcciones que hay en San Miguel por un largo muro de ladrillos rojos: lamentablemente, estos no son King Kong Pirámide*, son simples y con algo de cemento entre sí. Dentro de ella hay edificios y locales diversos: facultades, cafeterías, oficinas, cafeterías... También hay veredas. Entre todos estos elementos creados por el hombre (para ser más exacto, por ingenieros, arquitectos, obreros cargadores de ladrillos, entre otros ocasionales colaboradores) existen en este recinto vastos jardines llenos de animales que corretean, trepan árboles, se alimentan, descansan y en algunos casos revisan sus cuadernos.**

A la PUCP se viene a estudiar y por ello hay surtidas bibliotecas en las cuales se almacena el saber en forma de libros muchos de ellos interesantes, a pesar de que en algunos casos no sean más que somníferos ladrillos. A menudo se ha visto a más de un aplicado alumno intentar escuchar algo a través de la mesa estando con los ojos cerrados. Trataban además de comunicar lo que escuchaban mediante insólitos ruidos. En todos los casos fueron expulsados de dicho lugar sin motivo aparente.

Los alumnos, entre jornada y jornada de agotadoras sesiones de intenso aprendizaje, pueden refrescarse y asearse en los estupendamente acondicionados baños de la Universidad donde aprenden además el arte de entablar amistad con aficionados del equipo rival en fútbol por medio de agradables mensajes escritos fraternalmente en las puertas de los baños. No sólo eso: allí es donde se concentra el candente debate entre grupos dispares por afirmar la identidad propia. Los temas, tratados con madurez y elocuencia, van desde la sexualidad hasta la familia, pasando por las diferencias étnicas. Incluso se abre el debate sobre la enseñanza en este campus y se escriben loas a la casi gratuita enseñanza.

El deporte va de la mano con la enseñanza: la PUCP se mantiene firme en esta premisa y por ello las lozas deportivas son un punto de encuentro fijo tanto para los alumnos como para el personal docente y no docente, quienes se reúnen en su mayoría para disputar intensos partidos de fútbol en una amigable competencia deportiva, la cual promedia unos quince lesionados por sesión. Para esto se cuenta con una cercana posta médica que brinda una esmerada atención, similar a la que brindan las corteces asistentas sociales.

(Palabras del coordinador de la Especialidad de Periodismo, don Juan Gargurevich Regal, quien se refería amicalmente a mí como “un engreído de mierda”):
*¿Por qué? ¿Eres accionista?
**¿¿Los animales??

-Divertido, pero el humor es para otro sitio, no aquí
-Rehacer, en serio.



...andate a la pucta kete parió

Deivid Jhaseljof era #1 en los rankings de cantantes en la revista Bravo



No caaaaambie de canallllll, la falla es mía

Se imaginan si las series gringas las hubiesen grabado en el Perú: Kid, el auto fantástico hubiera sido Tic, el Tico fantástico.
- [Jwaujwuu (ruido de kidd, en Perusalem: Tic)] Tenemos muchas {kumbees} alrededor nuestro Maicold. Saldremos de este feroz tráfico con mis turbo-turbinas.
-No lo creo, Tic. Aún no hemos parchado el choque de la semana pasada, y el motor sigue chorreando aceite.
- Eso es lo que crees, Maicold. No es más que un señuelo para que los {townboes} piensen que ando malogrado.
- Ay Tic, desde que te saqué de la zanja de reparación de Surquillo ya no eres el mismo Tico de antes.
- [Jwaujwuu] Ya lo sé Maicold. Todo esto es culpa de los repuestos japoneses.

Mechita Sutil entre Ludovico Wringenstein y Petard Russell-cómo-haces¿?





(Lectura Recomendada: Tractac tac tac tus blogicus finosorficus)

Ludovico: “Taquito a la escalera”, y otras aporías lingüísticas

-“Pásame el barril de Tekno”, dijo Ludovico
-“Ya causa, sin silbiditos, ya sé que tus baldes de pintura tienen el ISO-9001”, contestó británicamente Bernardo.

En silencio, Ludovico se dispuso a pasar el rodillo por el balcón, mientras Bernardo cogía los bordes de la escalera.
Tras haber dado la segunda mano de pintura a aquella pared descascarada, Ludovico pateó cual Cachito Ramirez la escalera y derramó el balde al treparse al balcón ahora amarillo patito desde el cual argumentó: “Esto no es pintura”.
Bernardo vio caer estrepitosamente la pintura sobre sus ojos y la escalera sobre su cabeza. Lo último que atinó a gritar fue: “¡Aguarrás...!”

clásico hiper clásico




Combi nation

¡Qué chévere es viajar en avión! Yo viajo en combi, sobretodo hoy en día. Qué bueno sería que en la combi te trataran como en el avión.
En el avión te dicen: “¿me permite su boarding pass? Muchas gracias, que tenga buen viaje. Enseguida le traemos un aperitivo”. De pronto, escuchamos al piloto decir:
“Estimados pasajeros: Les habla su Capitán Michael Douglas. Bienvenidos al vuelo 409 con destino a Miami. El cielo está despejado. A la derecha podemos apreciar el bello pampón y a la izquierda vemos las caras de sus familiares aplastadas contra las ventanas del aeropuerto. Desde aquí el copiloto y yo les deseamos un placentero viaje”. Mientras que en la combi, el cobrador: chik-chik. Muestras tu carnet universitario: “medio pasaje”. (Él se voltea hacia el conductor y dice): “otro mediocre”.
A la hora que te bajas te gritan: “baja pié derecho” –Claro, porque si bajas con el izquierdo te tropiezas. Pero ahí si prefiero estar en la combi. Porque la otra opción es: “Amables pasajeros, estamos a punto de estrellarnos contra una montaña. Sírvanse a bajar con el pie derecho o con el pie izquierdo”.

Perusalem tierra santa cachucha pacman!





Apuntes sobre la cultura televisiva

¿Quién quiere ser millonario?
Las vicuñas viven en:
a. la playa/ b. los centros comerciales/ c. las cebicherías/ d. los andes
Es su última respuesta? (música de suspenso mismo tony kamo)
Latex tu coraxón o tu caraxón?

¿Han visto la gente que va a comprar gebes a la farmacia?
El pata inseguro: buenasssss... ¿tiene jarabe para la tos? Me da también un mentolatum y un vic vaporup Eso es todo...Ah, me olvidaba, deme también una caja de preservativos. Sí, una cajita ¿qué vale? 5 soles ¿han subido no? Hace 3 años que cuestan igual... me pareció...bueno...hasta luego.

O los bacanes:
-oe flaca.. unos gebecitos, pero de los grandes ah
-su pastillita azul como siempre señor
-este...no ahí nomás, gracias..

O los que ya están que ajustan:
-10 cajas señorita
-confort, tropical o natural
-todos. Quédese con el vuelto